La Psicología de la voluntad, por Jesús González Pérez

Imaginemos a un hombre viviendo en las peores circunstancias de miseria, denigración y vicios que nos podamos imaginar.  De acuerdo a la visión de muchas teorías psicológicas, este ser está prácticamente condenado a terminar así su vida, pues no hay un motivo que sea lo suficientemente fuerte como para lograr su recuperación.

Sin embargo, al pensar en su naturaleza humana y con ello, siendo poseedor de la capacidad volitiva, este hombre tendrá en sus manos la oportunidad y la capacidad de salir de esas circunstancias en el momento en que lo decida.  Él tendrá ante sí la posibilidad de la superación en todo momento, mientras sus facultades racionales estén intactas.

Tal vez lo que mayor temor causa para aceptar nuestra naturaleza volitiva, es la consecuencia inevitable de ser responsables de lo que hacemos.  Nos hemos acostumbrado a justificar nuestra conducta en función de tantos motivos que nos influyen, (en todo esto apoyados por un buen número de psicólogos) que difícilmente aceptamos que los problemas que tenemos y la realidad que vivimos es principalmente nuestra responsabilidad.  Es mucho más cómodo echarles la culpa a mis traumas, a mis complejos, a que no he sido debidamente estimulado o a que mis sentimientos así me lo han indicado.

Sin embargo, si queremos ser auténticamente humanos, lo primero que debemos hacer es aceptamos tal y como somos, con nuestras facultades, pero también con nuestra responsabilidad existencial.

Psicólogo José de Jesús González Pérez

Coordinador Académico de la Escuela de

Psicología de la Universidad Don Vasco

Desde los tiempos antiguos, la Psicología se ha interesado por estudiar lo más profundo y esencial del ser humano.  Desde las aportaciones de Platón y Aristóteles sobre la naturaleza del alma humana, los estudiosos de esta área han buscado encontrar el fondo de los fenómenos psíquicos que determinan la conducta del hombre.

Con el surgimiento de la Psicología científica en el siglo XIX los investigadores de esta ciencia se enfocan a tratar de entender los sucesos internos que dominan la mente humana.

Tal vez sea el Psicoanálisis el sistema psicológico que más conjeturas ha hecho en el afán de entender los comportamientos de las personas desde su perspectiva interna.  La teoría del inconsciente y de los motivos determinantes, fuera del control del individuo, toman en el siglo XX un gran auge.

La postura conductista, de gran trascendencia en la segunda mitad de ese mismo siglo, plantea que el ser humano es producto de todas las estimulaciones a las que ha estado sometido a lo largo de su vida, siendo su conducta un producto de estas circunstancias.

De igual forma otros sistemas y teorías psicológicas han planteado diferentes esquemas teóricos, que con mayor o menor eficacia intentan explicar las principales problemáticas psicológicas a las que está sometido el hombre actual.

Todas estas aportaciones en su conjunto han llevado a crear una concepción del hombre en el cual se le percibe como víctima de todos los sucesos internos y externos que en función de él se presentan.  Un ser que es producto de las circunstancias que lo rodean y al cual hay que entender y justificar para que viva de la mejor forma posible de acuerdo a su contexto.

El gran ausente dentro de este complicado desarrollo científico ha sido la voluntad.  Tal vez sea hasta Víktor E. Frankl (1997), quien estructura algunas ideas de forma sistemática sobre la voluntad como elemento esencial del ser humano. En sus hipótesis sobre la voluntad de sentido plantea que, aun en las peores circunstancias, el ser humano es capaz de encontrar la forma de tomar decisiones sobre su realidad y su existencia.

 ¿Qué hacer entonces?

Tal vez es tiempo de que la Psicología, en su auténtica conceptualización, se enfoque a estudiar más los problemas de la voluntad, para poder entender la problemática psicológica del ser humano en la actualidad.

Considero que es esta ciencia la que debe aportar luz, para que la sociedad y los sistemas educativos, re – estructuren su visión educativa formando hombres completos, responsables y libres;  dueños de sus circunstancias,  de sus decisiones, de su libertad y de su destino; en fin, DUEÑOS DE SÍ MISMOS.

Pero ¿qué es la voluntad?

La voluntad, entendida desde la perspectiva psicológica, es la capacidad exclusiva del ser humano, que le permite determinar su propia conducta; que le otorga la facultad de  tomar decisiones en función de sus propios criterios; que le da una superioridad esencial sobre los demás seres de la creación, quienes si, efectivamente, viven en función de sus circunstancias; que le alcanza un beneficio creado solo para él: la  libertad; que lo convierte a su vez en causa de su conducta y no en una víctima de sus motivos; que lo hace también un ser responsable de su propia vida.

No me refiero a la voluntad como un motivo más que se suma a todos los que ya tiene y en cuyo conjunto determinan lo que el ser humano hace,  sino de una facultad  superior que organiza, sintetiza y jerarquiza las distintas motivaciones para establecer la prioridad en la producción del comportamiento.

Obviamente la voluntad requiere de la otra gran potencia del alma humana que es la razón.  Ambas son indispensables para poder dar al hombre su cualidad volitiva.

Si entendemos a la voluntad desde esta perspectiva, entenderemos ahora al hombre no como una víctima de la inmensidad de motivos a que está expuesto, sino como el amo y señor de toda su circunstancia.  Un ser que está por encima de cualquier influencia, lo cual lo convierte auténticamente en el hacedor de su propio destino.

Educación sin voluntad

Grave situación se da cuando se va inculcando a las nuevas generaciones una visión del hombre como víctima.  Cuando los sistemas educativos se enfocan al desarrollo de todas las funciones psíquicas, pero olvidan la formación de la voluntad.  Educamos a seres que son capaces de hacer muchas cosas, menos de tener control sobre su propia conducta.  Obviamente esto tiene consecuencias en el desarrollo de la persona.

Si pensamos en las problemáticas más graves del hombre actual, de inmediato vienen a nuestra mente fenómenos como la adicción, la agresión y la depresión.

Si pensamos paralelamente en las principales consecuencias de la no formación de la voluntad, encontraremos una gran relación.

Si analizamos una de las problemáticas mencionadas, las adicciones, nos daremos cuenta que no son otra cosa que compulsiones aprendidas, es decir, conductas que se realizan a pesar de que el sujeto haya decidido no hacerlas.  Aquí podemos enmarcar a todos los vicios, llámese tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, etc. Obviamente una causa importante de esto es que el individuo no desarrolló una voluntad lo suficientemente firme como para saber gobernar en su conducta.

Además de esta, son muchas las problemáticas del hombre actual que tienen relación con el hecho de haber dejado de formar y educar la voluntad.

Las deficiencias en la voluntad se identifican en dos fenómenos:  por una parte la abulia, como la incapacidad del ser humano para llevar a la práctica las decisiones tomadas racionalmente; por otro lado las compulsiones, que son las conductas incontroladas del hombre, que se dan a pesar de que se haya decidido lo contrario.

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